¡No a las Dietas de Hambre!. Peligros de la restricción absoluta.

Es sabido que las más famosas Dietas Milagro no sólo juegan con la salud sino que prometen resultados que nunca se obtienen.

Puede resultar muy tentadora una dieta con un número muy bajo de calorías, por lo que es común pensar que, si se ingiere poca energía, la pérdida de peso será mayor. Pero esta ley no siempre se cumple.

 

¿Cuántas calorías necesitas?

Sabemos que una dieta estricta aporta pocas calorías, pero ¿estás al tanto de las que de verdad necesitas?
El número de calorías necesarias para la vida varía de una persona a otra. En clínica se utiliza la fórmula de Harris-Benedict para calcular el metabolismo basal según la edad y el peso de la persona.
El metabolismo basal es el mínimo de calorías necesarias para el desarrollo de la vida.
Por ejemplo una persona de unos 30 años con un peso de 60 kg y una estatura de 1.65 metros necesitaría unas 1.300-1.400 kilocalorías (Kcal) sólo para mantener las funciones vitales.
Muy lejos de las 700-800 Kcal que contienen estas dietas, ¿verdad?
Además, a las calorías necesarias para el metabolismo basal hace falta añadir las consumidas por la actividad física y por la termogénesis de la dieta; es decir las consumidas en el proceso de la digestión de los alimentos.

¿Qué efectos conlleva el consumo de una dieta con alta restricción calórica?

  • Desnutrición

Se produce cuando una persona no consume suficientes nutrientes con la consecuente debilidad, caída del cabello, mareos; pudiendo llegar, si la situación se alarga sin control médico, a numerosos síntomas como el estreñimiento, dolores de cabeza, inestabilidad emocional e hipotermia e hipoglucemia que, claro está, pueden producir a medio plazo graves problemas de salud

  • Disminución de la tasa metabólica

Como es normal, al disminuir el consumo de calorías, el ritmo metabólico también disminuye; el cuerpo entra en “estado de alerta”, reduciendo al mínimo las funciones básicas para conseguir un ahorro de la energía y proteger las funciones de los órganos vitales, por lo que aunque al principio se consiga una pérdida de peso (recordemos, más bien de agua y de masa muscular), conforme se aumenta la ingesta calórica, se recupera todo el peso perdido e incluso más, conocido como “efecto rebote”.

  • Ingestas compulsivas

Una grave restricción calórica no sólo produce efectos físicos, sino también psicológicos, por lo que el hambre, unida a la inestabilidad, propicia en un breve periodo de tiempo los atracones o ingestas compulsivas de alimentos.

La mejor opción, un plan alimentario equilibrado e individualizado y la practica regular de actividad física.